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Acoso escolar y violencia en las aulas, ¿Una enfermedad sin solución?

“En este blog no podía faltar la colaboración de un gran maestro, de un gran amigo (aunque sea virtual), pero sobre todo de una gran persona, él es Alvaro Ledesma y a partir de hoy tendré el gusto de compartir sus reflexiones en este rinconcito, para que sus experiencias en el mundo de la educación, que no son pocas, lleguen a más personas.

Alvaro es profesor de secundaria desde 1999, aunque en un centro público desde 2004. Ha sido profesor, tutor, jefe de estudios, director y hasta conserje. Pero lo que más, profesor, a secas y en calidad de acompañante de sus alumnos. A veces dice haberlo conseguido y en ocasiones no. Durante 7 años trabajó en un centro de características especiales, lo que, al menos en Andalucía, se llama Centro de compensatoria, con una parte del alumnado bastante conflictivo y de un barrio que en general llamamos chungo.

A raíz de la noticia de esta semana sobre la paliza a una niña de 8 años , presuntamente a manos de otros niños durante el recreo, ha habido muchos de nosotros a los que nos han vuelto a rugir las entrañas y hemos sentido un dolor agudo y sordo que nos devuelve a la realidad.
Y es que a pesar de conocer la terrible enfermedad que padece la sociedad por esta educación defectuosa e ineficaz, y llamo educación a la que se recibe en el colegio y en casa(yo no concibo la educación a ratos ni a trozos, educar a una persona se hace desde el minuto uno que abre sus ojos por la mañana al levantarse hasta que los cierra al acostarse) y esta debe ser coherente porque los niños NOS APRENDEN a nosotros todo el tiempo y todo el rato”.


DAR UNA PALIZA A UNA NIÑA NO ES UN PROBLEMA

agresión (1)

Efectivamente, si profundizamos la mirada más allá, dar una paliza no es un problema, es una consecuencia. Y si quieren se lo explico, sin pretender quitarle importancia a lo sucedido ni ofender a nadie, faltaría más. El suceso en cuestión es un grave problema, por supuesto que lo es, pero no es el problema original.

En la vida ocurren muchas desgracias que no deberían suceder. Eso lo tenemos claro todos. Al menos, todos los que tenemos claro que hay cosas que no deberían de pasar.

Que una niña de 8 años sea ingresada en un hospital por múltiples lesiones porque un grupo de presuntos chavales de entre 12 y 14 años le han propinado la paliza del siglo no sólo es vergonzoso y siniestro, sino otras muchas cosas más. Cada cual se pone en el papel de padre o madre y sabe que acabaría en la cárcel de su imaginación, porque no dejaría títere con cabeza.

Ya he leído, incluso, que al profesor que le tocaba estar allí (y que parece estar ausente por atender otra urgencia) ya se le lleva tarde a la palestra. Tampoco es solución. Créanme, es imposible estar en tantos sitios a la vez y con apenas recursos. En los coles no pasan más cosas porque el universo no quiere. A mí una vez por poco se tira una niña de un segundo piso, y yo estaba allí… y no llegaba a ella por más que corría. La vida te pasa muy lenta cuando vives una situación así. No, no se acabó tirando. De haberlo hecho, lo mismo yo estaba vete a saber dónde.

No voy a erigirme en defensor de nadie, que cada cual se tiene a sí mismo. Pero tampoco es justa la demonización hacia el profesorado que vigila o atiende en un patio. Y créanme que soy padre y cuando me veo en la necesidad de decir algo en el cole de mis niñas no me corto. Sin embargo, en ocasiones, hay situaciones tan difíciles de ver, de prever o de intuir, que no tenemos culpa de lo que pase (siempre y cuando estés ejerciendo tu labor correctamente). Y déjenme que me explique.

4 profesores, por ejemplo, que deben vigilar un patio de 300, 400, 500 niños… depende de las dimensiones, es imposible que puedan atender a todo en el mismo momento.

La cuestión no está en buscar un cordero al que degollar ahora, a toro pasado. La cuestión está en investigar, ahondar, profundizar en cuáles han sido los errores cometidos como sistema educativo para llegar ahí.

¿Qué hemos hecho entre todos (cole, amigos, profes, directivos, políticos, familias…) tan requetemal como para que un grupo de chicos de entre 12 y 14 años se cebe a gusto con una pobre chica de 8? ¿En qué cabeza cabe algo así?

Ésa, creo, que es la raíz del problema: nos seguimos obstinando en crear grandes cabezas académicas faltas de humanidad que no llegan a ninguna parte humanamente sostenible. Grandes expedientes atesorados en el desánimo, potentes cabezas constreñidas en el sinsentido del estrés diario perdidos en una infancia que les pertenecía y nunca tuvieron.

No, no justifico lo que han hecho estos chicos. Es una aberración, es una crueldad, es una vergüenza para ellos, sus familias y todos los que de alguna forma participamos como personajes o espectadores en la función maldita que nunca debió representarse. Lo que estoy diciendo es que la solución no es colgar al profesor, a sus padres, a la dirección… La solución (independientemente de las responsabilidades legales e inmediatas) pasa por ver las causas de este tipo de situaciones, aclararlas y hacer todo lo que esté en nuestra mano para que no se vuelvan a repetir.

Tener a los chicos hacinados, obligados, estresados, condenados, pervertidos en un sistema que ya ha quedado claro que no funciona; provoca este tipo de situaciones. ¿Por qué no intentamos trabajar más la educación emocional? ¿Por qué no nos dejamos de miedos y estupideces (que ya dije en mi anterior post que estaban lloviendo estúpidos) y afrontamos que la educación pasa por una nueva crisis? Dejemos de repetir lo mismo de siempre, se ha demostrado que es inútil. Centrémonos en crear personas de verdad, en ciudadanos honorables, tratados con respeto, que se les atiende y se les da cariño. Apoyemos a las familias, a los centros, a los profesores desde una nueva perspectiva más acogedora, constructiva y respetuosa. Vamos a formarlos. Vamos a cuidarlos. Vamos a darle a la persona el valor que se merece, ése que en alguna cena de Adam Smith olvidamos entre los dedos de quién se la servía antes de que todo tuviera un precio.

Seguimos centrados en cortar cabezas cercanas sin ver el problema que hay de fondo. Y el problema es otro, aunque las consecuencias lleven a una niña de 8 años a un hospital con desprendimiento de riñón y otras lindezas patrocinadas por un grupo salvaje digno de Sam Peckinpah. Ellos no son el problema, son solo una consecuencia de algo que ya no puede aguantarse más a flote, es el espolón de un buque que se hunde corroído por la antigüedad de quién nunca lo cuidó.

Las personas máximas responsables de este sistema no sólo no sirven para ello, sino que demuestran año tras año que son unos inútiles. Señores políticos, ustedes son los principales responsables de este tipo de consecuencias, porque nunca quisieron escuchar la verdad que nos rodea a diario en un centro educativo. Ustedes, metafóricamente hablando, le han dado la paliza a esta niña, porque, en el fondo, les importa poco (por ser respetuoso), sólo les importa como a todos: pobre chiquilla, pero no más, y mañana ya nos hemos olvidado, se preocupan tanto en cuanto pueda tener consecuencias electorales o potestativas de algún tipo. Ustedes tienen una sartén cogida por el asa de una olla, están en otro sitio, y no quieren ver la realidad. Y sabemos que por una paliza de este tipo que salta a la información pública hay un millón de cosas que no pasan en ese mismo día (gracias a dios o a quien sea) y que podrían producirse; pero el hecho es que tampoco debería caber esta paliza. Ni en la cabeza de nadie ni en la realidad más pulcra de quién osa siquiera mirar para otro lado.

Insisto, lo que ha ocurrido es sólo una consecuencia, no es el problema. El problema es bien gordo, es bien visible y nadie quiere ponerle el cascabel al gato. Y lo sé porque vivo a diario en un centro educativo donde a veces apagamos más fuegos de los que quisiéramos, pero no nos da tiempo para trabajar y evitar que nadie prenda, que sería lo ideal: el trabajo previo de prevenir, de EDUCAR, así, con mayúsculas. Ayer mismo, por la mañana, dos tiarrones más grandes que yo, con casi 17 años se empezaron a pelear por una tontería (que no era tal tontería, si no, no estarían peleando): uno llamaba al otro mono, y éste le respondía conejo (cada uno con sus intenciones de hacer daño al otro), y yo me entero porque de repente uno de ellos se levanta airado, con su mochila al hombro y se va gritando que no se queda ahí porque le va a reventar la cabeza al otro. Y yo me voy corriendo detrás de él (que también podría haberlo dejado ir y mandar a otro a por un profe de guardia) y lo llamo, y le pregunto… y saco al otro chico de la clase, y empezamos a hablar (ellos a gritar, a insultarse…) y en menos de 5 minutos, dos tiarrones más grandes que yo de casi 17 años, se estaban dando un abrazo y pidiendo perdón. Los dos. Y de voluntad propia, porque en ningún momento se me pasó pedirles que se abrazaran (ni algo parecido), de hecho ni yo me lo esperaba.

Y mientras no queramos o podamos ver esto, no hay nada que hacer: seguiremos viendo palizas, burundanga y violaciones múltiples o no, pero sí repetitivas, de chicas incautas que fueron acusadas y culpabilizadas por ir solas en un mundo en el que se presupone que no deberían hacerlo. Éso es lo realmente triste, que en nuestra presunción de la vida, ya demos por hecho que ellas son las incautas, que lo demás cabe. Mira que quitarles el balón, a quien se le ocurre tal salvajada. Mira que ir con una minifalda, mira que decir que no, mira que defender a alguien, mira que… mira que…

“Gracias Alvaro por tus sinceras palabras sin pelos en la lengua y es que es tal cuál lo describe, mientras andemos echando balones fuera, e intentemos buscar culpables y los padres acusan a los profesores y estos a los padres, el problema se enquistará y su solución aunque difícil se convertirá en estadisticas y en noticias a las que terminaremos acostumbrándonos sin que nos levante la más mínima emoción”.

Alvaro Ledesma www.alvarola.com
 

Para recibir información de recursos gratuitos y más información sobre cómo educar con respeto visita mi web y suscríbete en www.padresayudandoapadres.com

 
 
Firma

Carmen Fernández Rivas
 
Educadora Certificada en Disciplina Positiva para Padres y en el Aula (CPDPE) & (CPDCE) por la Positive Discipline Association EE.UU.
Positive Discipline Association
 
 

 
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2 Comments
  • Educar es fundamental, la cuestión está en que entendemos cada uno por educación. Yo creo en un concepto de educación integral que abarca muchas facetas de nuestra vida, no sólo la familiar o la escolar.
    Gracias Lola.

    octubre 13, 2016 at 4:48 pm
  • Álvaro, increíble, como siempre.
    Educar desde el buen hacer se está convirtiendo en una necesidad tan importante como alimentarnos o respirar.
    Si no, nos autodestruiremos.

    octubre 9, 2016 at 8:14 am

Comentario

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