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Cómo ganarte a un adolescente. | Educación Positiva

Es común escuchar a padres y a educadores “quejarse” de la conducta y el comportamiento de los adolescentes pero, como expresa el refrán, nadie nace sabiendo y, excepto las cuestiones vitales que no nos hace falta adquirir, todo el universo está para ser descubierto.

La tarea de los adultos, entonces, será la enseñanza de habilidades a las generaciones más jóvenes. La educación en el compromiso y la responsabilidad debe empezar desde la infancia, con pautas claras y construcción de hábitos (como los de higiene, respeto y orden); pero es durante la adolescencia cuando hay cuestiones que los padres y educadores deben atender y reforzar para que los adolescentes tengan herramientas y así desarrollen las destrezas necesarias para un sano desempeño en esta etapa de la vida y en su futuro.

Enseñar y fomentar la responsabilidad desde la institución educativa y desde la familia

Sería muy interesante que se abriera en el sístema educativo, un espacio sistemático denominado Educación sexual integral que promoviera saberes y habilidades para la toma de decisiones conscientes y pensamiento crítico en relación con el cuidado del propio cuerpo, las relaciones interpersonales, el ejercicio de la sexualidad y los derechos de los niños, las niñas y los jóvenes.

Es significativo que las familias estén al tanto de las acciones que se van tomando en la institución educativa para ser capaces de acompañar o pedir la colaboración de profesionales, si se juzga necesaria. Además, la institución educativa debe difundir qué contenidos de distintas áreas comprende este espacio, qué situaciones de la vida cotidiana del aula y de la escuela lo integran, así como sus formas de organización, respondiendo a las etapas del desarrollo de los estudiantes. Idealmente, el sistema promueve el trabajo articulado con centros de salud, las organizaciones sociales y las familias.

La escuela, mediante este espacio, pretende asegurar la transmisión de conocimientos pertinentes, precisos, confiables y actualizados sobre los distintos aspectos involucrados en la educación sexual integral, como así también promover actitudes responsables ante la sexualidad. El objetivo es prevenir los problemas relacionados con la salud en general, y la salud sexual y reproductiva en particular, además de procurar igualdad de trato y oportunidades para mujeres y varones.

Mas allá de este programa sistemático, la presencia de un adulto responsable fuera del ámbito escolar se vuelve trascendente para el adolescente, quien suele estar desbordado de dudas y sobrepasado de información -muchas veces mal comprendida- que usualmente proviene de diferentes fuentes tecnológicas y que, por su corta edad, no son capaces de interpretar y menos aún de juzgar críticamente.

La adolescencia es un nuevo nacimiento, ya que con ella nacen rasgos humanos más completos y más altos. -G. Stanley Hall.

Sin dudas, la palabra a atender es “responsabilidad”, es el principal recurso que debemos brindar. Ofrecer el justo equilibrio entre libertad y responsabilidad permitirá que el adolescente sea independiente, en el marco de lo que es adecuado a su edad: si a un joven que nunca ordena su habitación le encargásemos la limpieza de toda la casa, no tendríamos éxito; pero si poco a poco vamos dándole la responsabilidad de mantener su cuarto en orden y cuando lo logre añadimos compromisos extra como que acomode su ropa, el cambio será posible.

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Asimismo, debemos mostrarles que todas las decisiones tienen consecuencias. Desde pequeños, pero más en la adolescencia, los chicos deben saber que toda acción tiene resultados (positivos o negativos) y necesitan tener el hábito de evaluar cuáles pueden ser las consecuencias de las decisiones que tomen en cada momento. Esa es una práctica que los acompañará toda la vida.

Darles confianza se torna en lo más efectivo para generar responsabilidad. Si el adolescente sabe que confiamos en él procurará cumplir con aquello a lo que se ha comprometido. Como adultos no hay que perder de vista que la confianza no es “una confianza ciega”, por lo tanto el secreto está en estar atentos, pero no agobiar. Entonces, deberíamos procurar guiarlos, sin controlarlos: sin ejercer un seguimiento asfixiante que disminuya la confianza en sí mismos.

Debemos también esforzarnos por respetar sus decisiones y opiniones, aunque no estemos de acuerdo con todas ellas, para fomentar la autoestima del adolescente. Que gane confianza en sí mismo, que se respete lo que piensa y lo que decide se torna primordial. Atendiendo, también, que esto no quiere decir que siempre estemos de acuerdo con esas decisiones y opiniones: el poder conversar sobre los temas en los que estamos de acuerdo y en los que no enriquece a ambos, adolescentes y adultos, favorece el desarrollo de las habilidades emocionales del joven practicando la escucha atenta y el desarrollo de la capacidad empática.

Concentrarse en ser claros a la hora de proporcionar normas es también importante. Hay veces que los padres se quejan de la falta de disciplina o responsabilidad de sus hijos, pero lo que ocurre es que los adolescente no han entendido bien qué se esperaba que cumplan. Una buena estrategia es comunicar la norma y luego pedirle que nos la diga (con sus propias palabras y, si no puede, ofrecerle la posibilidad de ejemplificar el concepto de lo que se quiso transmitir al dar la norma).

Cuando se trata de reglas, una de las palabras clave para que sean cumplidas, y que a su vez sea una oportunidad para educar al adolescente en valores, es el hecho de poder negociarlas. De esa manera podemos enseñarles el poder de la negociación, que es conveniente para ambas partes, y al implicarlos es más factible que las cumplan puesto que fueron ellos quienes también las decidieron. Siempre que el adulto lo juzgue conveniente, es pertinente pedir la opinión del adolescente en diversos temas ya que se sentirá importante, sabrá que a los padres y a los educadores les importa y que confían en él.

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Enseñarles a administrar su tiempo es otra arista a atender. Hay veces que los adolescentes no son capaces de cumplir todas sus obligaciones por mera falta de tiempo. Por eso suele ser muy útil que lo ayuden a aprender a administrarlo. Y para ello, sobre todo al principio, es muy eficaz utilizar papel y lápiz y hacer listas de tareas con horarios. Posteriormente, enseñarles a usar el calendario de sus dispositivos móviles puede ser una buena idea: nunca dejaran de leer la notificación y, consecuentemente, recordaran qué es lo que tienen que hacer.

Es preciso atender a que se respete su intimidad: su espacio, su habitación y las conversaciones privadas con sus amigos. Aun así, es importante que los adultos estén informados sobre los temas que lo ocupan y preocupan, sobre sus sentimientos y cómo los van manejando. La mejor forma de saber cómo están es dedicarle tiempo y hablar habitualmente con ellos. De esta manera, no solo ellos nos contarán cómo están sus cosas, sino que nosotros también podremos observar, escuchar y detectar cualquier posible problema para ayudarlos a resolverlo.

Autor PROF. ALEJANDRA DEL FABRO
Directora del Instituto Idio+delfabro. Miembro de Cambridge Neuroscience, donde publica trabajos compartiendo experiencias a pie de aula aplicando las neurociencias. Miembro de ASCD, Asociación para el desarrollo de la Currícula.
Fuente (Asociación Educar para el Desarrollo Humano).
 

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Firma

Carmen Fernández Rivas
 
Educadora Certificada en Disciplina Positiva para Padres y en el Aula (CPDPE) & (CPDCE) por la Positive Discipline Association EE.UU.
Positive Discipline Association
 
 

 
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